Las melodías compuestas por Alan Menken se han convertido en una de las más icónicas de la compañía del ratón, y
La Bella y la Bestia no es una excepción. Su trabajo, junto con el letrista Howard Ashman le valió dos premios de la Academia y numerosos galardones.
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| Howard Ashman (izquierda) y Alan Menken (en el extremo derecho) |
Howard Ashman y Alan Menken habían llegado a Disney
tras el éxito de La Tienda de los Horrores, y comenzaron componiendo juntos para la casa del ratón la música de
La Sirenita. Cuando el Clásico de
La Bella y la Bestia estaba en desarrollo a finales de los ochenta, los productores, no contentos con la dirección que estaba llevando el proyecto, optaron por sugerir a esta pareja creativa que compusiera la banda sonora,
virando la concepción de la película hacia un largometraje musical que recuerda a las obras más memorables de Broadway.
Howard Ashman creía que las canciones no debían entorpecer la evolución de la historia, sino contribuir a su avance, algo que se manifiesta en este Clásico.
Para crear una música tan reconocible y pegadiza,
Alan Menken se inspiró en diferentes estilos musicales adecuados al momento de la película y las emociones que debían transmitirse en esas escenas. Por ejemplo el
prólogo, concebido como un tema que debe expresar el estado bajo un hechizo, deriva de una melodía (
"Aquarium" de
El carnaval de los animales)
compuesta por el francés Camile Saint Saens, uno de los máximos representantes del impresionismo musical francés. También
algunas melodías pueden recordar al tema
Largo de la Sinfonía del Nuevo Mundo del músico checo Antonín Dvořák. Uno de los instrumentos recurrentes a lo largo de la película, especialmente en las escenas del castillo que tratan de transmitir misterio, es
el clavicordio, típico del siglo XVII y XVIII, y que fue muy utilizado por el compositor Bach.